Déjame ser libre por un momento,
hundirme en lo profundo de mis mares eternos
de mis cielos infinitos tragándose otros cielos
de mis selvas verdes, rosas, azules…
Oh, que mágicos son los azules
Cuánta libertad hay en los azules,
esos que no encuentro en tu inmensidad.
Tu inmensidad que me abruma
que me ahoga
que me eleva y me lanza…
Regálame esos azules que el poeta recitó para mí
y me hizo feliz,
un segundo,
un segundo eterno,
un eterno azul de paz.
Dame ese azul para volar alto.
Dame ese azul de libertad extrema
de extrema saciedad
sin extremas prohibiciones
sin la masa que aplasta
sin ti un segundo
sin tu dulce mirada
sin tus labios de roca que duelen.
Sólo dame los azules que quedan
solamente vísteme de azul
un segundo eterno.
Amador Caballero
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