
Al borde de una lágrima a punto de caer
te conocí...
Al instante, me transformé en una serpiente
y me arrastré a través de tu aliento,
buscando un rincón para descansar.
Me adormecí con el aguijón de tus pupilas
y me dejé mecer en el viaje hasta tu soledad...
Me acostumbraste a dejar de llorar,
me dejaste seco, sin mar
ni lagunas en donde mis libertades puedan danzar.
Ahora, te has marchado cubriendo tu piel de mis oros
y me cuesta aprender nuevamente a brillar…
Sé que antes debo deslizarme desde mis ojos
hasta encontrarme en un nuevo mar.
Amador Caballero
No hay comentarios:
Publicar un comentario